“5:00 de la mañana.. el sonido del
despertador del celular indica que el Metal Head debe levantarse”.
Aún con los ojos semi abiertos, poco a poco
va saliendo del “mundo de los sueños” y se da cuenta
que solamente durmió una hora, ya que esa misma noche entró
a casa a las 4 am.
Se levanta, y después de prender la luz del
cuarto, toma la mochila de la escuela y le saca todas las “libretas”
(una solamente en realidad) y copias que hay en su interior, además
de cómo 2kg de basura.
Se dirige al closet y fija su mirada al extremo en
donde se encuentra la mayoría de sus camisetas negras, muy queridas
y preciadas por llevar el nombre de su banda favorita, y toma una; la
que menos “olores” tiene.
Toma también unas dos o tres más, y junto
con un poco más de ropa (un par de boxers y una bermuda), llena
la mochila.
Sale de la casa, toma el legendario auto que tantas
y tantas rolas de metal ha escuchado, y va en búsqueda de sus
demás compañeros de banda que, seguramente, aun se encuentran
“mega jetones” en sus casas.
Después de unas 2hrs para despertar y esperar
a cada uno de ellos, logran reunirse todos “¡¡por
fin!!” en el auto. Cuatro o cinco largas horas en la carretera
les esperan antes de llegar a la ciudad “blanca” de Mérida,
en donde uno de los momentos tan esperados espera.
Aun con mucho sueño, nuestro amigo el Metal
Head, inicia la travesía, por supuesto, con una rico desayuno
de metal mañanero. Como entrada, Brodequin, algo extremo para
abrir los ojos; a pesar de esto, no todos están despiertos, a
decir verdad, solo él, quien conduce.
Algo de true Black, Death de la vieja escuela, e inclusive
un poco de trip metal, psychodelic trance y Bijörk, son parte del
menú auditivo del viaje. En el transcurso de este “concierto”
el resto de la banda se ha despertado y se ha iniciado un sabrosa platica
sobre diversos temas, entre ellos los planes a futuro con la banda.
Horas después llegan a su destino, la “cópera”
para un rico desayuno regional, unas ricas tortas de cochinita, es lo
primero. Después de desayunar como reyes, una rica siesta, ver
la tv y un baño para estar mega listos para la súper matanza.
Ya en el local del evento, se respira un ambiente chido
por reencontrarse con viejos amigos de batalla, todas las demás
bandas son viejas conocidas, excepto la principal que es de otro país.
Aun faltan algunas horas para que todo de inicio.
Llegada la hora, les toca subir después de una
banda de su mismo estado, conocidos de antaño, los nervios se
hacen presentes, pero las ganas de “devastar” son más
fuertes.
Desde la parte de atrás del escenario se puede
ver a la “banda” que ha abarrotado el lugar, una vieja casona
estilo colonial perfecta para estimular toda la fuerza arriba del stage
y abajo en los metal heads reunidos.
Solo se logra ver una “mancha negra” y
ni idea de cuantos sean. Pero con la primera banda han dado una pequeña
muestra de lo que es un buen “warm up” (calentamiento).
Poco a poco se sigue llenando el local, logrando que
el ambiente se ponga más propicio.
Entre la banda, también hay viejos conocidos,
“paisanos” que acostumbran lanzarse a la meca del metal
peninsular (Mérida) cuando hay eventos que valen la pena (en
vista de que en su ciudad aun no los hay).
Termina la banda abridora y es hora de subir para demostrar
que las horas de ensayo han valido la pena, y para observar la reacción
de la gente ante las creaciones que han salido desde el interior de
las mentes de la banda, solamente creaciones propias componen el set,
lo cual lo hace mucho más intenso.
Ya arriba, los clásicos fallos del “back
line”, que esta compuesto solo de un amplificador para guitarra,
teniendo que conectarse la segunda en una consola destinada para el
bajo, y éste de manera directa al mixer principal.
Esta espera, logran que los nervios aumenten, y que
los dedos se quemen por las ganas de tocar ya.
Reparados los fallos, por fin, es hora de iniciar,
la tan ansiada “matanza”.
La primera rola tiene una increíble respuesta
de la banda, quien se ha acercado a orillas del escenario para head
bangear un poco, y se escuchan gritos de apoyo de la gente “paisana”;
logrando un muy chido momento.
Todo el set tiene un respuesta similar, pero la ultima
rola es el punto clímax de la presentación. Por ser una
rola ya por demás ensayada y con mucho significado para la mayoría
de los miembros de la banda, incita a sacar toda la euforia en un rico
y sabroso “blast”!!.
Es un género un poco diferente al resto de las rolas del set,
por lo que la banda que escucha también resulta un poco sorprendida,
pero ... no importa!!, es buen momento para el mosh.
Todo salió excelente, y al bajar aun no se sabe
ni cuanto tiempo se estuvo sobre el escenario.
Buenos comentarios de las demás bandas participantes,
lo que aumenta el ánimo de seguir chingandole con el grupo en
el futuro.
Al terminar la tocada, el cansancio aparece, pero.....
¿y la fiesta?
Después de una buena tocada es necesario un
buen after para festejar el “trinunfo”.
Metal heads mas fiesta, dos palabras explosivas por
si solas y juntas sinónimo de caos.
Omitir los detalles de esos momentos es lo más
conveniente, además de que los mismos, son un tanto borrosos
y de dudosa veracidad, por obvias razones. ?
Un buen final para un buen día.
Esos son los momentos chidos a los que se aspira llegar
cuando inicias con tu banda, y la perseverancia es la clave.
Y ese es..... el “camino del metalero”.
V.C
Mayo del 2005