"Por que el rock ha dejado de ser un mito para convertirse en la mercancía que mañana quedará en el olvido radiofónico." Víctor
Roura
Pintaban las tres de la tarde y uno de mis cuates me invitó a
ir a un toquín de rock que se organizaba en el CBTIS 253 de esta ciudad.
Cabe aclarar que con el buen Átomo,
mi cuate, comparto la afición de la buena música, y aunque él es el músico y yo el espectador, creo tener buen gusto y tino para identificar las rolas que prenden, que hacen
vibrar el esqueleto, que están chidas pues.
Así y sin más, nos subimos al vocho y nos dirigimos, sin escalas, al toquín...
Se presentaban tres bandas, imagino de lo mejor que tenemos en Chetumal, pues los chavos bailaban y pedían rolas conocidas: todos covers de Slipknot,
Metálica, Korn y
otros.
El sonido no era muy bueno, pero a la banda que tocaba (Iron Bridge) y a los chavos, que se prendía, saltaban y coreaban, les bastaba con el
ruido de la lira y la bataca.
Siempre ha sido así, desde antes y después del 68 y con la llegada del rock, los chavos siempre han querido soltar la greña, el desmadre, asimilar con la música un poco de libertad.
La banda en pleno desfogue daba lo mejor de sí, la nota iba al compás de una rola de Iron Maiden, mientras la chavita que tocaba el teclado
veía de vez en vez su celular.
Lo mismo pasó con el cantante, quien emitía el grito libertario, el alarido quejumbroso de las zonas frías y climas grises que vio nacer al death y trhash metal,
cuando sonó su celular y entre risas y chiflidos echo un vistazo, y creo yo, no era nada importante porque lo guardó para seguir en el concierto...
Así pasaron las cuatro rolas reglamentarias, imagino que llegamos tarde, o no sé, porque para desilusión de los cinco admiradores que coreaban las rolas del grupo, se desconectó el
sonido... así nomás.
Se veían unos a otros, los chavos que andaban en la patineta por la plaza de la escuela pararon, las parejas que platicaban cerca de los árboles voltearon… todos se preguntaban
qué pasaba, pues faltaba que tocara una banda más. ¿Falta que toque los Lágrima Negra o qué no?, se decían... nos dirigimos al tipejo que tenía
a cargo el sonido y con toda la desfachatez explicó que había otro compromiso y que se tenían que ir.
Claro, el desconcierto en seguida, el malestar, la impotencia y mientras, el soquete del sonido enrollaba los cables lo más rápido posible. Nadie hizo nada… y es que en Chetumal somos
muy pasivos, somos tranquilos y los chavos sólo veían como se acababa otra tocada: “Nomás vinieron. Desconectaron y nos quitaron el sonido, pinches changos”, comentaba
desconcertado el Ibrahim, integrante de los Lágrima Negra, “Siempre pasa así, no dejan que acabe un grupo y no dejan que toque otro, siempre nos hacen lo mismo”.
Y qué decir. Si uno hace memoria, antes de los noventa la banda quería tener espacios donde pudieran tocar e ir a escuchar rock. Después,
el gobierno del rata Carlos Salinas descubrió que
el rock no era peligroso, o que más bien era un negocio fructífero; así, los espacios se abrieron poco a poco...
Ahora que a duras penas tenemos, hasta en las escuelas, espacios para que los chavos se desfoguen y saquen aquel sentimiento que los hace sentir Jim Morrison
o Jonathan Davis, llegan uno monos y los desconectan...